A mi mentor, Alfredo, el origen
Tozudo como una mula, ingeniero por definición, generoso como nadie, y un corazón que no le cabía en el pecho. Son los pensamientos que me vienen a la cabeza cuando recuerdo mis días en Ingeniería Y Arquitectura Europea bajo el paraguas de Alfredo. Han pasado casi 30 años.
Alfredo Torres Paules, Dr. Ingeniero Industrial por la Universidad de Barcelona, cofundador y alma mater de Ingeniería y Arquitectura Europea, cofundador de la Asociación de Consultores de Estructuras.
Buscaban a un Ingeniero Industrial que estuviera cursando 5 o el proyecto final de carrera. Era lunes 8 de septiembre, uno de mis alumnos a los que daba clases de preparación para selectividad me dijo que una Ingeniería conocida de su padre buscaba a alguien a punto de acabar. Llamé el martes 9 por la mañana. Miércoles 10 de septiembre, entrevista con Alfredo a las 10:00 h. Por su parte, podía empezar cuanto antes. No me lo creí, no podía ser. Le dije que me lo pensaba y me fui a ver a Josep María Fornons, en aquel momento Catedrático de Estructuras Metálicas de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona. ¿Que si los conozco? Son amigos, son una ingeniería de referencia, ni se lo piense Sr. Lacambra (hablábamos de usted entre ingenieros y aspirantes…..). Así que le llamé al salir, desde una cabina de teléfono de la diagonal, la más cercana al ETSEIB. Le dije que el lunes 14 tenía un examen de termodinámica ( Sí, me quedó termodinámica de 4º para septiembre) y que siendo fiesta el jueves 11, me gustaría empezar el martes 15. Sus palabras fueron: Tu majo ya puedes venir el viernes 12, que lo que no hayas aprendido de termodinámica dos días antes del examen ya no lo vas a aprender. Y así es como un viernes 12 de septiembre Alfredo empezó a transmitirme su conocimiento y experiencia como consultor de estructuras.
Trabajando de 8:30 h a 13:30 h y cursando 5º por las tardes, transcurrieron nuestros primeros meses de relación. Yo con mi HP48 y él con la regla de cálculo… Fueron meses compartiendo proyectos… Desde el minuto 0 siempre tuvo tiempo de transmitir su opinión técnica y conocimiento. Poco a poco entablamos una buena relación personal. La primera visita de obra, el primer proyecto de más de 15 plantas, un ascendente descendente, todo llegaba y todo lo compartía.
¡Muchacho! ¡Ven a mi despacho! Y yo para allá volando… y me dejaba escuchar las conversaciones con clientes. Menudas broncas les metía: “Que aquí te falta un pilaaaaarrrr! ¿Cómo quieres que se aguante esto?” Pero resolvía el problema, lo explicaba de la manera más docente que se pudiera imaginar y todos satisfechos. Un buen asesor.
Acabé 5º, y el proyecto final de carrera a su lado. Él llegaba a la edad de jubilación. No tenía herederos, solo el interés de que todos los que trabajábamos allí juntos, tuviéramos continuidad profesional. Por encima de ventas empresariales, por encima de rendimientos económicos, por encima de todo, debíamos tener continuidad en el trabajo. ¡Y así fue! Nos ayudó hasta tener la seguridad de que todo estuviera en orden el día de su jubilación. No pidió nada a cambio.
Una vez jubilado mantuvimos una relación continua, estable, con regulares quedadas para comer. De la forma más humilde que puedo imaginar, pasó de explicarme cosas a escuchar. No me di cuenta, fue paulatino. Prestaba una singular atención a los proyectos que le contaba, las nuevas normativas, los nuevos actores en el sector….. y sin querer ya solo hablaba yo.
Un día Alfredo se marchó. Maldito cáncer. Fue rápido, pocos meses. Le echo de menos.
Quiero agradecer enormemente, su actitud frente a la vida y los demás. No guardó un atisbo de conocimiento y experiencia para sí. Todos los que mantuvimos contacto con él, llevamos dentro algo suyo. Ojalá podamos estar a su altura.



